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viernes, 19 de noviembre de 2010

CARTA DE UN ESTÚPIDO ENAMORADO

El cielo es un infierno para el que no tengo entrada. Tu corazón, la puerta del paraíso, para mi alma está cerrada. No hay  unos ojos que de ventana me sirvan para mirar, No hay huesos ni carne, solo el  hambre de amar. No queda sangre en las venas que fluya a  mi corazón, no hay mariposas que revoloteen en la barriga ni tan siquiera la sombra de la sensación, ésta cosa estúpida de que cada noche me espera mi amor.
 
El cielo es el infierno en el que no merezco estar, porque hasta allí me guiaron tus besos y no los supe guardar. Tus caricias que para mi eran autenticas se quedaron en sal
que dentro de las heridas duele al empezar a secar. La luz que iluminaba mis noches no era luz de un astro sin igual; no era luz de un sol blanco ni de una luna real solo era mi inocencia y las ganas de volverme a enamorar.
 
¿Y ahora qué?, me pregunto a cada instante, sé que no la veré jamás, aunque esto lo sabía antes de empezar. Solo me negué a mi mismo abrir lo ojos a la verdad. Viví aferrándome a la esperanza de conocerte y me fuiste arrebatada sin previo aviso
 
¡Quererte tanto es tan doloroso!
 
Me distes poco a poco la miel de la esperanza, que se fue trasformando en amarga hiel. Amasaste con tus manos mi soledad para que se complementara con la tuya y como si de un puzzle se tratase fuiste uniendo los trozos de mi corazón y mi alma para volverlos juntar. Pero todo había sido un juego, todo fue verdad, todo lleno de mentiras. Sé que no te gusta que te lo digan, pero así me siento cuando aún sigo esperando en la noche verte, escuchar el tono de tu llamada.
 
No tengo ni siquiera unos ojos que recordar, un tono una melodía de una voz convertida en cancion, solo mi imaginación, historias que inventé para ti, queriendo que fueran parte de verdad entre nosotros dos. Dos, dos formados por uno mas uno. Nunca hubo mitad ni una sola cosa, solo fue eso: uno y tú.
 
 
Te necesito, te añoro, te odio por hacerme esto, por hacerme sentir indefenso, frágil, débil. Por derramar lágrimas que empapan mi copa, por hacerme beber para olvidarte, por recordarte en cada sorbo, y por imaginarte.
 
 
Sé que no merece la pena  mandarte esta carta porque no la leeras, así que tan solo me la envío a mi mismo para recordarte y para que sepas que dudo que alguien te quiera en toda su vida como te quiero yo  en este instante. Ahora sé que infinito y para siempre en realidad son apenas diminutas partículas de espacio y de tiempo si las comparo con mis sentimientos.
 
 
Un beso amor. Seguiré vigilando desde mi cama tus sueños, te seguiré acunando y perdido en la penumbra de mi vigilia, para mecerte en mis brazos. Un Abrazo como el que cada noche te brindaba para dejarte parte de mi corazón pegado a tu pecho.
 
Firmado : Un estúpido enamorado

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